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El Agua, y mi proceso con Ella(s)

Estoy sentada exactamente al borde de lo que un día fue un pequeño río. Más concretamente, una corriente de agua desviada para servir a un molino. Pienso en la cantidad de litros que habrán pasado por aquí y todo el servicio que prestó, que prestaron. Ahora solo queda la vaguada, y unos maravillosos falsos plataneros al borde, indicando que un día por aquí pasó agua en abundancia1. Siempre me sorprendo con la capacidad humana de “desviar” y “manipular” el agua, y de observar como finalmente, su naturaleza indómita termina ocupando su lugar o abandonándolo (si no era su cauce orgánico, como es el caso).

Siento que esta es una buena metáfora de lo que, en general, diría que nos pasa a los humanites con el Agua, y con lo que esta simboliza: concretamente con las emociones. En mi caso, la historia comienza desde mi comienzo. Como tantas veces he contado en este blog “eres demasiado sensible”, “lloras demasiado” y frases así son las que intentaron secarme, y las que generaron una especie de dique que mermó mi capacidad de conexión con lo que ahora sé que es el elemento principal -según mi carta natal astrológica-. Luego llegó la cultura cíclica y pude descansar llorando a mares cada Premen2. Después (ya casi ahora), voy comprehendiendo la capacidad de llorar como una bendita y reconectante manera de volver a mí, de drenar lo que ha de ser traspasado, sabiendo qué y cómo me siento.

Todo esto está atravesado y acompañado por el río de mi bahía, mi amado Río Bidasoa, el que he visto cambiar en todas estas etapas, y el que me doy cuenta ahora mientras escribo, ha estado acompañándome (y viéndome cambiar) de cerca desde que nací. Con este texto me gustaría honrarlo y agradecer su existencia.

Los 4 elementos (y un sistema que borra las conexiones)

“¿Cómo podemos llamarme Madre Tierra si en un 80% es Agua?”. Recuerdo cómo se me clavó esta frase del libro ‘Patio de Recreo’ de Richard Powers3. Quizá porque me hizo darme cuenta de que Amalurra era más bien AmaUra, o sea, que en vez de Madre Tierra, sería más acertado llamarme MadreAgua. Solo que, les humanites somos de tierra, terrícolas, no somos peces ni líquenes, habitamos en secano y es la tierra la que nos provee de alimento. Y por supuesto, aunque tenga el nombre (humano) que tenga, supongo que Gaia es la palabra que posibilita que consideremos todos los elementos imprescindibles para que la Vida (tal y como la conocemos) sea: Tierra, Agua, Aire y Fuego. Los elementos que son los que generan la Biosfera4.

Sin embargo, creo que como especie no hemos conseguido aún un verdadero equilibrio entre las 4 fuerzas elementales. Ni tampoco una relación con cada una de ellas. No al menos en este tiempo-espacio (occidental) que nos ha tocado vivir. En general, siento que el ‘arrastre’ hacia ser Tierra, Aire o Fuego es fuerte en el Patrix5 que tenemos. Estar anclades a la materia, vivir en mentes hiperestimuladas llenas de ideas y de posibilidades, o accionar rápido y veloz, ganan por goleada al sentir profundo, la velocidad fluida y orgánica, y la complejidad de nadar en el mundo interno, en lo no-visible, que nos proponen las emociones y el Agua como elemento.

Esto de arriba es una versión simplificada de lo que cada elemento nos puede traer, pero lo que quiero subrayar es que, desde hace años siento profundamente (y cuerpo adentro), lo complejo de dar cauce orgánico (no desviado ni manipulado, porque el agua, recordemos, siempre -a las buenas o a las malas- encuentra su camino), de validar, de ‘dejar ser’ las emociones en un sistema hiperveloz que únicamente refuerza lo racional (el aire), la acción (el fuego), o la acumulación (la tierra).

Cuerpo-Río-Territorio

En lo más concreto y territorial de mi viaje ‘recordando’ los elementos que me han tocado en las cartas que un día barajó la vida para mí, traigo el río. Quizá mi fuerte energía canceriana (según la astrologuez, el idioma de la astrología, digo) me lleva a sentirme representada con el cangrejo de río, rojizo, de caparazón duro, que anda en todas direcciones recapitulando (y autorregulándose, o al menos yo sí), que necesita un exoesqueleto fuertote para proteger la blanditud y la vulnerabilidad internas. Quizá esto solo fue el guiño que me llevó, desde hace unos años, ha tener una relación (consciente, observada) con el Río.

El verano del 2024 fue terrible. Si te soy sincera, aunque antes ya andaba sintiendo muy hondo la importancia del territorio en el que camino cada día y empezando a relacionarme con los árboles vecinos de mi barrio (un año antes comencé a implicarme en la defensa de los Tilos de Artia6, los cuales están a orillas del Bidasoa), aquel fue el primer momento en el que fui a llorar con el río. No en el río, sino con Él. Mi mente escéptica (siempre dispuesta a sabotearme) se rindió, y solté lamentos y entregué, como nos dice Paloma Todd7. Lloré mucho y fuerte, y confié en que las Aguas sabrían qué hacer con tanta angustia.

Y lo supieron. O al menos yo me sentía más ligera en cada vuelta a casa de Aitzondoko Erreka8. Este pequeño río está a 20 minutos caminando de mi casa. Había ido muchas veces allí, pero hasta aquel verano no fui capaz de ver el misterio del lugar, ni la profundidad que tenía, ni las muchas capas y seres que allí habitan. En honor al mito de Venus*Inanna (que se -me- sigue desplegando en cada ciclo), empecé a llamarlo el “río del Inframundo”, porque además está cerca de unas viejas minas entre dos montes altos, y a medida que avanzas, siempre parece haber más adentro -y Más Abajo-.

La vivencia en este paraje ha sido encontrar pozas y playitas siempre un poquito más rio arriba. Y después, en otros paseos, acompañarlo de vuelta hasta su salida a la bahía, donde se junta con el Bidasoa, y más tarde a ambos (y a todos los demás que se unieron por el camino) al mar. También, río arriba, en una maravillosa playa fluvial llena de árboles donde estamos bañándonos mucho los últimos veranos. Y finalmente, estar dándome cuenta de que el lugar en el que vivo (la bahía llamada igual que el río) es, en sí misma, un ecotono lleno de fronteras humanas, y también de un maravilloso cauce acuático que no las conoce ni nunca las conocerá. El río Bidasoa nos atraviesa como comunidad, y ahora, desde diferentes movimientos territoriales en los que participo, lo estamos recordando9.

Las Aguas del presente

Seguramente, una de las capas más complejas de las emociones sean las montañas rusas que (gracias a) Kairós (se) nos genera(n), uniendo (además) pasado-presente-futuro. También para mi es lo más fascinante. Siento que es un gran reto, y también que ahora es el momento. Si en este sistema social tuviéramos el tiempo para escuchar las emociones (estar en contacto con nuestras Aguas), procesarlas, darles cauce y recordar las perlas que siempre nos proponen (si tenemos el tiempo -que ya casi es un privilegio- y la paciencia, insisto), honraríamos constantemente el Agua, iríamos a bañarnos con el Río y a entregarle las lágrimas y las alegrías. Sabiendo que, si los vínculos no se alimentan (incluidos los más-que-humanos), tienden a desaparecer.

Este año, 2 años después de aquella catarsis, he ido a entregarle alegría, dicha y gratitud. Un día, hace poco, fui al sitio habitual en el que tanto lloré. Hablé un rato y me emocioné sintiendo gratitud. Al poco, y muy extrañamente porque en todas mis incursiones apenas me había cruzado con un par de personas en aquella puerta del inframundo, apareció una cuadrilla de adolescentes mojados enteros (¡compartiendo alegría con el río!), y nos dijeron que más adelante había una poza en la que podías meterte entera. No me lo pensé. La próxima vez que tuve ocasión fui hasta allí, me sumergí desnuda junto a Maia (la perris), y lloré de pura dicha. Miré hacia arriba y pude sentir la presencia y la conexión más grandes que nunca antes había sentido. (Mi mente escéptica quiere seguir juzgándome, pero entre agua y agua, y el sentir tan real que puedo vivenciar, estoy aprendiendo a pasar de ella).

A los días pude ver que esto es un guiño venusino. En el mito, Inanna desciende al Gran Abajo consciente de que no podrá volver (o al menos no como entró). Al final vuelve, pero para ello, una parte de ella debe morir. Esto en mí, estos últimos ciclos, viene expresándose con esta frase: “Cuanto más te adentres en el Gran Abajo, más belleza encontrarás en el Gran Arriba”, y ahora se actualiza a: “Confía en que seguir caminando hacia el misterio, siempre te acercará a una belleza que aún no sabías ver ni percibir”.

Yo (también) soy el río, si el río está bien, yo estaré mejor. Cuidar del río, relacionarme con él, es también cuidar de mí. Lo hemos olvidado, pero, a medida que le sigamos dando espacio a y aprendiendo a tener una relación con las emociones, (y por supuesto con los ríos, con el agua, con los árboles, con los elementos…), estoy convencida de que seguiremos recordándolo. Y no obviemos además que, por suerte, igual que el río no puede subir de vuelta por la montaña, para nosotres como especie tampoco hay ya vuelta atrás. Las Aguas volverán a tomar sus cauces, estoy convencida.

pd: He escrito este artículo gracias al precioso ‘empuje’ de N. Una lectora incondicional y compa maravillosa que me animó a ello en el último encuentro virtual de Casa Liken. Eskerrik asko, querida 🙂

pd2: Este proceso relacional con el río también me ha llevado a darme cuenta de que, siempre ha estado ahí. Mi barrio de la infancia está atravesado por un canal que desemboca en el mismo río y durante este tiempo, he podido ir recordando su presencia a lo largo de mi historia.

Pd3: Termino de escribir este texto al final del verano, cuando el río en el que tanto me he bañado, comienza a llenarse de hojas que los árboles empiezan a soltar. Aquí la foto de este maravilloso paraje:


 

1La foto de este post es de este rincón mágico que está en el camping ‘El molino de Cabuerniga’, en Cantabria.

2Nunca olvidaré la maravillosa frase de mi querida Teach Erika Irusta que decía algo como que lloraremos los mares necesarios para que las ballenas que somos naden anchas y gustosas.

3Patio de Recreo. Richard Powers (2025, edi. ADN)

4Aunque sé que otrxs pensadorxs la han usado antes, es a Mariana Matija a quien he oído utilizar el término ‘Biosfera’ para referirse (y no olvidarse) de que es Ella, con los elementos como aliados, la que genera la ‘burbuja’ de maravillosas condiciones en la que vivimos para que la Vida, abundante y generosa que conocemos, siga siendo.

5Uso ‘Patrix’ como termino para definir el sistema patriarcal, capitalista, neoliberal, racista y demás que tenemos en el norte global, y más concretamente en la vieja europa.

6Puedes leer sobre el proceso de los Tilos de Artia (que aun siguen amenazados de tala) aquí: https://redciudadanadesevilla.blogspot.com/2020/05/TilosIrun.html y aquí: https://redciudadanadesevilla.blogspot.com/2020/06/ArbolSolidaridad.html

7Aunque la he recomendado mil veces, nunca está de más volverlo hacer. Su proyecto se llama Soberanía*Creativa, (https://soberaniacreativa.com/) y me acompaña muy cercanamente a recordar la ciclicidad desde 2020.

8En euskera usamos ‘ibaia’ para los rios y ‘erreka’ para los riachuelos. Esta se llama riachuelo de Aitzondo, el riachuelo de, literalmente, al lado de las rocas (Aitz-roca, ondo-al lado).

9Hace unos meses, participé en una performance relacionada con el río Bidasoa llamada Través, puedes leer sobre el proceso aquí: https://viviendoenciclico.com/traves-zeharkatze-errelatoa/ . También la red de cooperativas en la que participo se llama BDSKoop (Bidasoa Koop), puedes leer sobre la importancia del KM0 aquí: https://viviendoenciclico.com/km-0-empieza-en-cuerpo/.

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