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Mito(poli)poética encarnada

Se me ha colado un micelio dentro. No sé bien cuándo pasó, pero aquí está. Ha debido de ser durante el 2024 y el 2025, que apenas escribí y leí mucho. Tiene raíces y bitxitos, crece caótico y ciertamente (o humanamente) desorientado, las palabras con-sentido llegan despacio. Destilarlas es una práctica, supongo, que tiene que ver con hacer espacio en el suelo fértil (sacando supuestas y contundentes verdades humanas), para que lo más-que-humano pueda expandirse y decirse a través de cada une de nosotres. Este es un texto-destilación.

Hace poco me di cuenta de que todos los libros que he leído en los últimos años tienen algo en común: son de ensayo poético. Y también me he dado cuenta de que los ensayos “puros”, al uso, sesudos y con demasiadas referencias a otros trabajos, que antes me encantaban, ahora me cansan de sobremanera. Quizá, una vez más, esto me sirva para reafirmar un agotamiento androcéntrico (y antropocéntrico y del homo economicus como mito), que también lo veo reflejado en esas-otres que escriben y me inspiran en estos últimos años.

Entre elles están Jenny Odell (de la que te hablo aquí), Richard Powers (con sus maravillosas obras de ‘El clamor de los bosques’ y ‘Patio de recreo’ que, por el sitio interno en el que calan, no me aburro de recomendar1), Paloma Todd (y toda su fascinante escuela de misterios cíclicos y mitológicos), Mariana Matija (en ‘Un jardín’ o en su maravilloso libro niñapajaroglaciar), Pia Pera (y su preciosa y triste obra en la que hace de su jardín un cómplice imprescindible que le acompaña en su proceso de enfermedad terminal), Yasmine Ostendorf-Rodríguez (con su inspiradora obra sobre el arte y las enseñanzas del micelio), Joanna Macy (y la esperanza activa como práctica cotidiana) o Katya Colmenares (con su forma poética e igualmente contundente, de hacer política decolonial).

Todes comparten una misma forma de narrar, algo que hace poco nombré como ‘mito-poli-poética encarnada’. Un término que, aunque creo que no existe (o no existía), a mí me sirve para expresar esa (esta) forma de comunicación, inspirada por lo más-que-humano (incluyendo el propio cosmos) que busca una transformación tanto ecosocial, como de nuestras subjetividades y narrativas más íntimas.

Vayamos por partes…

Poética (más-que-humana),…

Recuerdo como hace unos años en una formación política alguien se sorprendió mucho al saber que yo participaba en la asociación en defensa de los tilos del barrio, y me dijo, de manera ciertamente condescendiente, que a ver si ahora íbamos a decir que hasta las piedras hablan. En aquel momento no supe defenderme con claridad, pero ahora tengo claro que sí, las piedras (y toda la geología -mayormente no visible-) son quienes guardan el paso del tiempo (al menos de lo que no extraemos). Si aprendemos a comprenderlas, a ‘leer lo que tienen para decirnos’, podemos saber mucho de la historia del planeta Tierra, entre otras miles de millones de cosas que aún desconocemos (que desconocemos).

Diría que la poética vegetal (o más-que-humana) es una inspiración de esos reinos-otros, de todo eso que está vivo, pero que aún no sabemos comprender, escuchar, leer. Diría que son ellas las que nos están traspasando sus mensajes, y nosotres, les humanites, estamos alcanzando a descifrarlos saliendo un poco de nuestras mentes racionales y continuando con este aprendizaje (tan hondo y complejo) que es escuchar al cuerpo-Tierra que habitamos y del cual somos parte. Porque somos hijas de la tierra, de las plantas, de las flores, de los árboles, del aire, de las piedras, del agua, de Gaia… y ya, decir esto no es solo algo poético, es algo encarnado que, aunque siempre lo fue, lo estamos recordando y pudiéndolo volver a narrar.

…Mítica y cósmica,…

Este es el lado más complejo del puente que voy entendiendo que soy. ¿Cómo resignificar la religión, el re-ligare (re-conectarnos), lo espiritual y lo místico con todas las capas de kaka judeocristiana que tiene encima? En mi viaje (mítico y encarnado) las llaves están siendo Venus*Inanna y el taichi. Darme cuenta de que, como niña sin bautizar, mi orfandad espiritual era un gran vacío con el que, diría que allá por la pandemia, me di cuenta de que estaría guay hacer algo2.

Venus*Inanna, y su fascinante y misterioso mito, sigue dándome nuevas pistas y profundidad con cada vuelta a la espiral. Ella nos trae la posibilidad de un calendario-otro, de una temporalidad siempre cíclica que nuestras ancestras ya observaban. Nos trae también un mito pre-patriarcal, que creo que en sí mismo ya es una referencia de una realidad sistémica-otra, que una vez fue (y que podría volver a ser). Con Ella se me abrió el lenguaje de la astrología como sistema simbólico y mitológico para entender mi propio cosmos interno (y también los roles, las relaciones y los ecosistemas vivos con sus fuerzas elementales operando de los que soy parte). Es una herramienta que me ayuda a poner orden, un orden más amplio (realmente se siente cósmico e inabarcable) que el que lo meramente racional-terricola-humano me ha ofrecido antes.

El taichi, por su parte, me aporta una práctica concreta, terrenal y disciplinada para, si eso, poder sentir algo de algo que tenemos dentro. No puedo ponerle aún más palabras a lo que significa esta práctica para mí. Se siguen desplegando dentro muy lentamente, al ritmo de un roble centenario, supongo. Lo que si tengo grabado a fuego en mi corazón es uno de sus fundamentos: “Haz siempre tu mejor intento”. Y en estas me encuentro también con cada escrito como este.

…y, por supuesto, política

Todo lo que hacemos es política. Y aquí está el otro lado del puente-yo. Sobra decirlo, pero nunca está de más recordarlo: todas nuestras decisiones son políticas, cada compra, cada viaje, cada manifa, cada movimiento social, lo es… (quedarnos a descansar, también puede serlo, claro). La política institucional es otra cosa. Hace parte, claro, pero hoy en día todes sabemos que las instituciones giran en torno al capital, él es el Sol central de este sistema caníbal, y todos los meteoritos que lleguen (si conseguimos que no los engulla), transforman la realidad y hacen política.

Aunque en algún momento de este proyecto quise influir ‘más allá’ (y supongo que como para tode activista esto es lo guay), en redes y así digo, ahora sé que mi política está ubicada, que mi radio de acción principal es mi barrio, mi ciudad y mi río, los tilos, mi familia, los árboles vecinos, mis amigas, las marismas de mi bahía, mi red de economías social transformadora y los pájaros que saludo cada mañana. Transformar colectivamente e impulsar vidas dignas de ser vividas para las que tengo más cerca (humanites y más-que-humanites), es la política más “eficaz y real” que puedo hacer. Cuerpo-Tierra-Territorio era hasta hace no mucho un mantra bonito3, ahora se me revela dentro como una verdad cruda, desgarradora a veces, y llena de belleza en otros momentos.

Somos mitos vivos

Inanna, ahora Hermes, Mari, las rocas que son muro de contención, los árboles de las rotondas, todes nos cuentan historias, son parte de las historias que, entrelazadas, crean la trama que nos sostiene. En este último tiempo, procuro no decir ‘qué es eso’ cuando me pregunto por, por ejemplo, un pájaro. Ahora digo ‘¿quién eres?’ (¡también a los árboles y a las flores!), y algo dentro se ubica en un-lugar-otro. La respuesta no es la que me daría google (obvio), hay otro lenguaje, hay una comunicación que no requiere de palabras, algo interno que ‘se comunica’. Hay un principio de la ternura “yo soy importante para ti, porque tú eres importante para mí4”.

Cuando la amama de mi querida compa I. murió, entendí -con todo el cuerpo- que somos seres mitológicos encarnados, porque a nuestro alrededor, durante (toda) nuestra vida, se van generando ecosistemas relacionales, luchas y fiestas, alegrías y tristezas a cientos, con las que también hacemos política. Nuestras hazañas, aunque cotidianas (afortunadamente menos bélicas, pero no menos épicas e igualmente determinantes en cuanto a generar realidades se refiere), reescriben los códigos, re-significan los conceptos, transcriben y vivencian arquetipos, rediseñan y reactualizan los mitos, y en última instancia, se abren (o se cierran) al misterio del que somos parte.

Considerando pues que las narrativas (re)generan futuros posibles, creo que atender esto desde la agencia, las posibilidades y la responsabilidad que cada quien tenemos (considerando siempre nuestras opresiones y privilegios), puede ser una de las maneras de frenar (un poco aunque sea) el extractivismo temporal5 al que estamos aconteciendo.

Los mitos nos enseñan sobre los patrones humanos y las posibilidades más-que-humanas, sobre nuestras propias familias internas y las relaciones con todo lo que está vivo, y los que son pre-patriarcales, además, nos abren la posibilidad de seguir soñando con ecotopias6. Creo que al desmitificar algunas cosas (como la fe ciega que tenemos en el capitalismo) y mitificar otras (como a nuestras abuelas), podemos ir comprendiendo (en lo concreto, en lo que hace política de barrio) que las historias y las formas de narrarnos son parte imprescindible de lo no-visible que se teje (y nos sostiene) a cada rato.

Y así, del micelio caótico (que siento intentar ordenar con estas palabras), me sale un champi. Uno que, aunque quizá esté escondido (en la red, en todas las redes), estoy segura de que será alimento para algún bitxito, o para el bosque si, finalmente, se vuelve compost.


Pd: Hace unos meses que comencé a ciclar con Hermes*Mercurio, de la mano de Paloma Todd. Él es el mensajero entre mundos, él es el guardián de todas estas comunicaciones (las visibles y las no-visibles) que crean narrativas y que, finalmente, también crean realidad. Quiero dedicarle este artículo, porque me lleva acompañando años sin yo saberlo, y ahora lo sé. No solo al brillante Mercurio que a veces observo, sino a mi parte interna que, con sus complejos, imposturas y demás, no se ha rendido a seguir comunicando este-mi propio camino.

pd2: ¡Está a punto de comenzar el siguiente pétalo de Venus! Será con la impronta de Escorpio. Huele profundo y susurra, como siempre, confianza. Si te resuena ciclar con ella, y con Inanna, escríbeme a enara@viviendoenciclico.com y te cuento :*


1He pensado en poner las referencias de todos los libros que detallo en este párrafo. Después me he dado cuenta de que todos ellos están en artículos anteriores 😉

2Realmente no lo supe a nivel racional. Fue algo intuitivo que por supuesto no sabía nombrar. El libro de Jorge Richmann ‘Ecoespiritualidad para laicos’ me dio la pistas para comprender que algo ya estaba haciendo…

3Gracias, siempre, a las compas de Abya Yala por mantener vivo este concepto-cosmovisión. Lo honro.

4Aingeru Mayor ha recogido y sigue elaborando el legado sexológico de Carlos Menendez en relación a la Ternura, encuentras su web AQUÍ.

5Te recomiendo prepararte una infu rica y leerte este sesudo artículo sobre este concepto: “El temporalismo extractivo: La desaparición del futuro como promesa”. Para mi ha sido de gran validación en cuanto a la ‘Violencia lineal’ de la que escribí AQUÍ

6Me gusto ESTÉ capítulo del podcast Carne Cruda!


*La foto de este post es de uno de los maravillosos y hermosos atardeceres que me regala mi querida montaña Jaizkibel tantas tardes <3

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