Diciembre del 2025
14:10. Viernes. No había hecho esto antes. Me he venido a mi clase de taichi de los viernes por la mañana como el resto de viernes del año. Estoy contenta con mi decisión de no trabajar (delante del ordenador) los viernes (de Venus), y dedicarlos al trabajo de la práctica del taichi. No pensé que organizar ‘mis tiempos propios’ me daría la posibilidad de salir de lo meramente productivo para dedicarme a ‘otros campos’ de actuación. Hoy es diferente porque a mediodía no he vuelto a casa. Por la tarde he quedado con una amiga cerca de aquí y he decidido comerme un bocata mirando al mar. He aparcado cerca de la playa y ahora, tecleo con el ansia de quien necesita ordenarse con las palabras, dentro de mi amada Furgo conocida como La Dragona Roja.
Llevo unos días muy revuelta. Hoy es el día 35 de mi ciclo y, aunque anhelo la puntualidad de mis ciclos, otra vez, me siento secuestrada por la agonía premenstrual. (Pienso en mi profe de taichi y lo que pensaría si supiera que (me) dejo secuestrar de esta manera el valioso chi). Y sí, si como yo tus premens han sido de agonía, de rezar a las Diosas paganas para que el flujo rojo aparezca, de apretar la mandíbula por las noches y de llorar cada vez que ves un animalito aplastado en la carretera, sabes que la palabra secuestro está bien utilizada.
Una nueva pantalla
Si me lees desde hace tiempo, sabrás que he sido una ferviente abanderada de la fase Premenstrual, y si has ido a algún taller conmigo, me habrás escuchado hablar sobre esta fase con un tono emocional que hasta a mí misma me sorprendía: El Balleno, ese idioma visceral tan necesario; La Ballena, ese ser casi mítico que bucea por los fondos de lo oscuro y que rescata perlas que trae a la superficie; la oportunidad de la introspección como lugar donde transformar el bucle en espiral; y un largo etcétera de ‘virtudes y bondades’. Y sí, lo ratifico todo. Lo valido totalmente, y (me) confirmo, que no sería la que soy sin haber derramado todas las lágrimas que son océano, y tampoco sin la liberación de saber que esto tenía (y tiene) un sentido y que no era a la única a la que le pasaba.
No he sido mucho de consolas. Heredé la super nintendo de mi primo (que aún conservo aunque rara vez enchufamos), pero me gustaba mucho el mario. Recuerdo bien ese momento de subidón al matar al que parecía el último monstruo. Solo que, después siempre había otro. Ahora, como si de un videojuego se tratara, tras casi 10 años de registros, de crear narrativas, de amigarme con las partes ‘más oscuras’ de mi misma y abrazar la ‘bajada espeleológica’ que sabía llegar a su hora -y para la cual tenía la mochila de herramientas preparada-, la Premen ha pasado de pantalla.
Y esta vez, y también la anterior, se me ha caído la mochila por el barranco y detrás estoy yendo yo. A ratos abro las alas y vuelo en una suerte de viento fortuito que me deja respirar un rato, a ratos me poso en alguna rama que he tenido la bendición de encontrar, a ratos alguna amiga me sostiene con palabras bonitas y amor generoso, y otras, sigo cayendo a lugares nuevos aun no explorados mientras imploro a las Diosas que llegue la sangre y que termine esta agonía. A ratos me cago fuertemente en la Ballena.
Del bucle al tiempo cíclico
Estoy leyendo el maravilloso segundo libro de Jenny Odell titulado ‘¡Reconquista tu tiempo!’. (También te recomiendo el primero: ‘Como no hacer nada – Resistirse a la economía de la atención’). Aunque por el título pueda parecer un libro (más) de autoayuda para, como bien argumenta ella al comienzo de este, organizar y exprimir el escaso tiempo fuera del trabajo que tenemos, es un interesantísimo manifiesto y un ameno relato sobre la concepción que tenemos del tiempo como civilización (occidental). Entre las muchas preciosas joyas que estoy reafirmando, está la idea de que la dimensión del tiempo no es lineal, es cíclica.
Es difícil de acuerpar esto en este occidente tan (atiborrado) de plástico nuestro. Es difícil pararnos a sentipensar que, por ejemplo, las rocas son seres vivos que nos dejan ver que el tiempo (mucho anterior al tuyo y al mío, al menos en esta encarnación), existe, fue y es. Ellas son las que además de habitar ‘todo’ en el tiempo, lo contienen, y podríamos decir que, lo son. Son el Tiempo hecho materia. En ellas viven ese pasado en el que ni siquiera existíamos les humanites. Ellas son la imagen más clara de que la Tierra es un ser vivo. Y que vive creando sedimentos en donde descansar, y de paso, que nos sirvan a todas las especies para vivir.
Con esto, y aunque parezca que me estoy yendo un poco del relato, lo que me gustaría decir es que, en nuestra sociedad actual (capitalista, extractivista, consumista, y ese largo etcétera destructivo), todo esta creado para que el tiempo lineal haga repeticiones y todo termine siendo un bucle lleno de tradiciones duras como una roca (¡y aunque lo sean, recordemos que las rocas están vivísimas!). El calendario gregoriano es casi igual cada año, las festividades se mantienen idénticas en cada nueva vuelta, les humanites repetimos esos patrones que, aunque nos han traído hasta aquí y son dignos de honra, muchas veces no nos dejan salir de los bucles mentales que esta misma realidad lineal genera en nosotres.
Siempre todo se repite, siempre todo se repite…
Por poner un ejemplo -como mejor intento de aclarar esta idea-, te diré que, por razones que, a medida que buceo por los entresijos del sistema, cada vez veo más claras, que no me gusta la navidad. Creo que nunca me ha gustado, aunque de niña supongo que intenté jugar a ello lo mejor que pude. Siempre todo se repite. Siempre todo se repite. Siempre todo se repite…. Y como con esto, me pasa lo mismo con otras ‘fechas señaladas’, por ejemplo, las fiestas de Irun. Me he sentido muy grinch muchas veces (y esto ha sido otra cosa más que añadir a mi saco de rarita), ahora estoy entendiendo que, tal y como el sistema lo plantea por estos territorios nuestros europeos con toques bien yanquis, no le veo el sentido y nunca se lo he visto.
Lo que llevo haciendo estos últimos años es, como con tantas otras cosas, intentar resignificar y encontrar así un sentido propio. Lo que está pasando en gran parte por recordar ‘sentidos anteriores’, ‘sentidos en otros campos no tan visibles’ o inspiraciones de referencias que no sabía ver. En definitiva, hacer cosas que para mí tengan un sentido, como el proceso de las 12 Noches Santas que guía mi querida Arminda, crear mi narrativa propia inspirada por mitos o historias no hegemónicas, rescatar prácticas de otros tiempos, poniéndole mucha mas centralidad a la celebración del solsticio, etc. (Si tienes cualquier inspiración/acción que te esté ayudando a encontrar ese ‘sentido propio’, me encantaría saberlo! *_*).
Y esto, esto tan complicado y al mismo tiempo tan intuitivo como es descolonizar nuestro deseo, es lo que -creo que- será la única forma de romper los bucles y vivir en la espiral. No dejarnos llevar por la cinta transportadora recta, llana y ‘cómoda’, decidir ir por el pasillo que no se mueve ‘solo’ y dar los pasos necesarios (ya sea para delante, para atrás o para los lados), para salir de los bucles agónicos en los que estamos atrapades.
Pasar de pantalla y llegar hasta el monstruo
Esto mismo pienso de mi agonía premenstrual, que aunque esté muy enfadada con este ‘nuevo’ reto de la vida, que aunque a veces me cague en todo, que aunque a momentos me parezca una broma macabra haber llegado a un estado emocional ‘conocido’ para que aparezca otro, la única manera que tengo de descubrir el Poder (ese del que te hablaba en el primer capítulo de esta saga), es seguir pasando pantallas para llegar hasta el monstruo. Si no, esto será un nuevo bucle conocido: día 25: la sangre no llega; día 26: joder; día 28: titiriiii; día 31: mecaguensos; día 40: tengo la sensación de pesar el doble y no llega la sangre, día 45: llevo 15 días sintiendo que la sangre está a punto de llegar…
Intuyo que esto irá también de rehacer la mochila. Las herramientas que hasta hace poco me servían, se me han caído por el barranco, sigo teniendo algunas, otras simplemente ya no sirven. Seguramente tendría que hacer más taichi, y a veces, también me da ganas de quemar cosas. Mover el cuerpo más. Meter las manos en tierra más. Observar más veces la vida que contienen las rocas. Venirme más veces a escribir mirando el mar…
Una nota venusina
Venus y su ciclo sinódico son la prueba viva (y brillante) de que el tiempo es cíclico. Ella hace un patrón perfecto y armónico que, por los ciclos de los ciclos, ha estado alumbrando los cielos del este y del oeste. Ella deja en evidencia que la linealidad, como forma de transitar la vida, es una invención social y una realidad consensuada tramposa, aplastante y que no conoce ritmos-otros maravillosos que, por ejemplo, son creadores del piso que pisamos cada día.
La traigo por aquí para cerrar este post, porque me gustaría contarte que el día 6 de enero Venus estará haciendo una conjunción con el sol en el punto más alejado de la Tierra, momento que, dentro del marco narrativo-poético del mito de Inanna*Ereshkigal con el que trabajamos, llamamos ‘el Inframundo’. Este es un momento delicado de su ciclo sinódico. Hace unas cuantas semanas dejó de ser visible desde la Tierra, y esto, hace que, de alguna manera, dejemos de recibir esta frecuencia de armonía y de belleza.
Esto, lejos de ser algo místico que pueda alejarte de lo que estoy queriendo decir, pretende volver a recalcar la importancia de lo oscuro para poder hacer de los bucles espiral. Si no nos dejamos ir hasta el fondo, será muy difícil renacer renovadas. Esto muchas veces implica estar en contacto con el dolor, no con el sufrimiento (que son cosas bien diferentes), pero sí con el duelar de la vida que pasa, también a través nuestra, en esta Tierra dolorida y, al mismo tiempo, generosa y abundante que habitamos.
Lo mejor de Venus, es que siempre nos recuerda que el ciclo continúa. Y que por tanto, en unos meses estará brillando en el cielo del atardecer.
Gracias por el tiempo dedicado a la lectura de este texto, lo aprecio mucho 🙂
Con cariño espiralado,
E.
pd: Ya conseguí que me hicieran los famosos análisis hormonales. Mi doctora nueva (¡majísina!) me dijo que el mejor día para hacerlos era el día 2 del ciclo, porque es cuando se ve si una de las hormonas tiene que hacer un esfuerzo extra para estimular los folículos. Fue desagradable dejarme sacar sangre mientras mi sangre se escurría útero abajo, sin embargo, no hay ninguna hormona haciendo ningún sobresfuerzo, por lo que, clínicamente no parece verse ninguna alteración en mi ciclo hormonal. ¿Será que, como he interiorizado en taichi, primero le llega la información a la mente y luego al cuerpo? (podría poner que será que me lo estoy inventando todo, pero de esto ya hablamos en el artículo anterior ;))
